rubensolerferrer.com | El día que grabé a Leopoldo María Panero
806
post-template-default,single,single-post,postid-806,single-format-standard,ajax_leftright,page_not_loaded,,side_area_uncovered_from_content,qode-theme-ver-7.7,wpb-js-composer js-comp-ver-4.7.4,vc_responsive

El día que grabé a Leopoldo María Panero

06 Mar El día que grabé a Leopoldo María Panero

Esta mañana me he levantado pronto, muy pronto porque ahora bajamos mi pareja y yo a pasear a nuestros perros cuando empieza a amanecer. Al llegar casa me he conectado, he abierto Jot Down y me he puesto a leer una interesante entrevista con Leopoldo María Panero, mientras Sapone me enviaba pruebas de render de nuestro último trabajo. Tras terminar me ha mandado un mensaje en el que decía “Leopoldo María Panero ha muerto”. “Joder”, he pensado, “pero si estoy leyendo una entrevista suya”… sí, efectivamente, ya se ha marchado.

Conocí a Leopoldo María Panero en el 2008 a gracias a uno de esos trabajos que salen mal. Cuando empezaba con mi productora (de la que era uno de los socios) me llamó París Palmer Gila Vidres, de Gandía, para participar en un documental creativo sobre el vidrio y el fuego. Era la misma historia de siempre, sólo que en aquel momento no la conocía. “Nos haces el documental a cambio de nombre y visibilidad”; no obstante cerré con ellos las dietas y los desplazamientos, al menos nos quedaríamos igual. Por aquel entonces llevábamos unos meses y salvo un par de cortos no nos conocía nadie. Así que, como buen novato, me apunté.

Uno de los puntos fuertes era grabar una entrevista a Leopoldo María Panero, quien iba a estar recitando poesía en un jaula para pájaros de la época de los Borgia (¿?). En aquel momento Panero era para mi todo un símbolo por la película de Chávarri, ‘El Desencanto’. Así que conocerlo fue un check vital en toda regla. Allí que nos pusimos el técnico de sonido y yo con nuestros instrumentos intentando grabar una entrevista previamente guionizada. Ni que decir tiene que el guión me lo podía fumar porque era increíblemente complicado seguir una conversación con él, de hecho intervino otro poeta para encauzar su discurso. Sus frases eran inconexas, no hacía más que fumar, pedir coca-cola Zero y preguntar por Sara Mazkiaran, una realizadora vasca con la que ya había grabado un cortometraje. Al final, me dediqué a grabar sin importarme la entrevista porque, dentro de aquel desastre argumentativo, había una luz que te transmitía unas imágenes bestialmente bellas y perturbadoras. Terminé de grabar sin saber cómo cojones iba a montar aquel sinsentido.

Bajarán los pájaros y comerán de mi ano.

Leopoldo María Panero

Pasaron los meses, reclamé el dinero que me debía que la empresa que me había contactado y descubrí, a base de mala leche y cabreos que los socios de París Palmer Gila Vidres se habían separado y no se responsabilizaban de los proveedores a los que debían dinero. Se excusaban con “es que el proyecto al final no salió bien, “perdimos dinero”… En fin, mediocres hijos de perra que no valoran su palabra. Así que pasado un año me tropecé con mis cintas MiniDV de aquella entrevista y me decidí a montar el corto documental, o la entrevista; era una pena que aquello no estuviera en la red. Al final me gustó el trabajo, era incoherente, como Leopoldo, pero bello y extraño como sus palabras y las imágenes que nos mostraba con su poesía.

Recuerdo que una mujer mayor me preguntó “¿Y quién es este hombre que está en la jaula?”, “Leopoldo María Panero, poeta de la generación de los novísimos” contesté, “Ah, ¿pero este hombre no está bien, no? ¿Está loco?”. La miré y seguí grabando mi primera y única entrevista al señor Panero.

*La foto de la portada pertenece a la revista JotDown de su artículo sobre Leopoldo María Panero

No hay comentarios todavía

Sorry, the comment form is closed at this time.